martes, 12 de agosto de 2008

Sin Tocarnos

Seré sutil al hacerte el amor,
me dijiste con voz susurrante...
y yo te contesté:
sin tocarte, amor, acariciaré tu piel,
con esta poesía te hará sentir
un sin fin de emociones
y suavemente,
me filtraré por todos tus poros,
me afincaré en tus pensamientos
y seduciré la esencia de tu alma,
besaré tus labios con una sola mirada
y empezaremos este rito ancestral de amor.
Y tú sigues diciéndome,
con la misma voz...
Envolveré tu frágil flor entre mis caricias
y en una dulce fantasía de ilusión...
haré extremecer tu cuerpo desnudo
dibujaré tu cuerpo en esos versos
que con tu pasión dibujas en mi piel,
y te elevaré en la lujuria de mi pasión
en sueños inimaginables de fantasias.
Sin tocarte, mi amor, mis supiros
se adueñarán de cada latido de tu interior,
gimiendo a cada instante
... de placer,
imaginarás y sentirás
como se funde tu piel con mi piel,
entrelazados en un deseo único de amor,
y esa miel que sale de tu interior...
se mezclará con el sabor de mi alma.
Te mojaré...
humedeceré tus sensaciones
en la suave brisa del deseo,
y en silencio,
ambos nos tocaremos
la íntima humedad en el respiro
de las caricias ... sin tocarnos.
Tu respiración
penetrará sin compasión
en el fuego de mis deseos,
haciendo temblar a mi cuerpo
con esa exquisita devoción de tu amor.
Al final... sólo seremos suspiros,
sin tocarnos siquiera...

Alma Pasajera.

Llegó el silencio
cubriéndome de oscuridad;
amaneció de golpe y yo
... me perdí...
Una soledad fustrante,
una ausencia llena de nada;
pero yo estoy...
y sin embargo, no hay nadie.
Llega el silencio austero,
una ausencia de ti;
soy ese alma pasajera
que te roza un instante y luego,
cuando la intentas tocar,
ves que a tu alredor, no hay nada.

Esta noche.

A veces, suele ocurrir que psan por nuestras vidas, personas con las que tenemos más afinidad que con otras.

Suele ocurrir a veces, que algunas nos deja más honda huella que otras.

Ocurre que... nos hacemos torpes, quizás también un poco egoistas a nuestros adentros y no entendemos que no somos sólos; que somos parte de un todo inmenso, pero por unas cosas de la vida o por otras, nos sentimos, sin estarlo, huérfanos de otros sentimientos, quizás de un hola, quizás un saludo sin más, de que te cojan la mano en la invisibilidad de este medio, donde no nos vemos pero nos sentimos.

Así me he sentido esta noche, huérfana, abandonada de muchas cosas, vaciándome lentamente de lo que tenía por dentro; quizás es que traía conmigo tan poco... o quizás era demasiado conlo que venía, que tenía que descargarlo.

Sé que no soy nada perfecta, la contrario, mi imperfección en sí, me hace mucho más imperfecta que a nadie, pero a veces, se siente un nudo en el estómago y no precisamente de amor ni de emociones bellas, sino de desconsuelo, desamparo por parte de otros; quizás es solo mi mente, pero lo he sentido así. He visto risas y no he podido compartirlas, las he querido hacer mías, pero me he sentido tan inclusera...

No quisiera perder todo lo que un día tener, pero a veces denoto que lo voy perdiendo lentamente, como me pierdo yo misma en esta vorágine que el tiempo hace conmigo.

Intento recuperar, sin conseguirlo, el sentimiento primero, las sensaciones que me hiceron un día ser feliz entre los que conocí, las ganas de levantarme cuando me hundo, pero no consigo hacerlo, al contrario, me hundo aún más.

Me enfado con otros, sin ser ellos, los culpables de mi enfado, sino yo misma, mi propio yo, al esperar algo que no puede llevar, que no se puede entregar sin más ni darlo por nada.

Pero me equivoco, creemos... creo que soy especial y no es así, soy una mujer más, una persona que un día su tristeza la engulló por entera y no quiere volver a sentirla jamás.

Qué dificil se me hace poder explicar con palabras lo que ahora siento, yo, que siempre las he tenido tan cerca de mí, que no se me han resistido a nada... pero no puedo ahora buscar palabras que describan como siento interiormente, como me siento...

A veces, creo que no debería de entrar en donde siempre me siento abrigada, no es bueno sentirse siempre así, porque cuando el abrigo deja de cubrirte, te sientes tan necesitada, tan sola...

No quiero ni deseo que esto sea ningún discurso, ni tampoco ninguna declaración y mucho menos, una llamada para nadie, ni un auxilio que nunca llega, no quiero pedir, no puedo pedir, porque en verdad, yo nunca doy nada; y cuando esto ocurre, no puedes exigirle a otros lo que tú mismo no puedes entregar a ciegas y sin condiciones.

Y a veces, siento ganas de llorar, como ahora, quizás esté llorando ahora mismo, quizás es que ya ni lágrimas tengo que derramar; otras tantas, qusiera gritar, como quise hacerlo esta noche y otras muchas más noches.

Antes de conocerlos a ellos, simplemente, sobrevivía, ahora vivo y a la vez muere algo dentro de mí, lentamente.