hemos dejado depositado
los espantos y las risas entre las manos,
hemos dejado olvidado en algún rincón
como se llaman los días que preceden al frío,
se hace tan tarde ya en la cercanía...
que en una inmensidad se convierte la abundancia
cuando no se pide.
.
Tu alma ya me habla
con su silencio callado,
porque diose cuenta
de que la nada, sí, la nada...
es el parangón del sentimiento.
.
Ya es tan tarde amor,
que se nos cubren los huesos desnudos
guardando celosamente que venga la muerte
y me pides que hinquemos las rodillas en el suelo
para luego poder recoger la migajas...¿ cuales?.
.
Ya es tan tarde...
pero me dices que nada aún está perdido,
tan sólo tus ojos en los míos
y los míos, buscando su sitio en los tuyos,
que hoy es ya el día de escribir y no mencionar
esta historia nuestra que se encontró
en el revés de un sueño perdido,
frágil y entorpecido en la miseria de unos besos.
.
La voz se va quedando sin palabras,
perdida quedará entre nuestros recuerdos,
perdida como aquél hilo transparente
que al viento, rozando, pierde la vida,
sin darse siquiera cuenta de a dónde
su inconstante vuelo la lleva.
.
Y nos encontraremos allí,
donde las mañanas son rosas sacudidas,
ahí estaremos viéndonos tan sólo nosotros,
atestados de las manchas ya cotidianas
y ni un solo aliento, enamará de nuestras bocas,
tendremos el cielo y el infierno entre nuestras manos,
y miles de palabras que no suenan en tu boca.
.
Y tras las puertas, volveremos a resucitar,
entre la oscuridad volveremos nuevamente,
resucitados de la ceniza que el viento nos deja
y nuestra única compañía será ese punto
casi invisible de una cicatriz compartida,
donde se cauterizan nuestros amores.
.
Desde nuestro sillón veremos pasar el tren
que lleno irá de miradas verdes, azules y negras
y nos daremos entonces cuenta de que el mundo...
está lleno de ti y de mí;
nada más pequeño y más inmenso a la vez,
de viento helado y calor abismal,
porque nada puede morir en la víspera
y nosotros seremos para siempre eternos
con esta historia que hablará de dos vidas
- la tuya y la mía -
que nunca se pudieron alcanzar.
.


