
Hasta el cielo, tus dedos sin piel, se extienden,
calcinada en tus pies, la lluvia cae convertida en polvo.
Ahora, dime...
¿Donde vas tan aprisa y lamiendote la noche?
Coge una luciérnaga y luego, robale su luz
deja a la mariposa sin alas y vuela... tú,
apúrate y tráeme el universo entre tus manos...
y rebalando por tus ojos, una legión de ansias,
acércate a mi, descarga esa energia que llevas por dentro,
descubre esa nube que te tragiste y deja que llueva...
despliégame todo el infinito anudado…
revuélcame sobre tu cuerpo alborotado…
y conviérteme en fuego, luego en agua...
para terminar siendo en tu cuerpo, una tormenta.

