viernes, 6 de junio de 2008

Huellas.

Mis manos yacen ya en el suelo...
quedaron rotas de tantas caricias entregadas.
Entrelazando mis dedos, acaricio
aquellas caricias tuyas que dejaste
en mi piel olvidadas.
Rodeo lentamente mi cuerpo,
dibujando el aroma de tu sudor.
Ya conoces mi sombra,
sabes que no recuerdo
los momentos sin ti...
apenas pude sentir la vida
cuando tú no estabas.
Y sin cerrar del todo mis ojos, sueño...
con tu dulce y lenta manera
de hacerme el amor;
con aquellas palabras que de pasión, me llenabas,
acelerándome el ritmo cardíaco;
tus ojos, tus miradas, mojándome los sentidos.
Cierro los ojos, ahora sí, reteniendo en mis pupilas
tantos y tantos momentos llenos de simplezas
que día a día, me regalas.
Maravillosos momentos de espaldas desnudas,
de posturas, de dedos que suavemente se deslizan...
En un breve intento, quiero aprisionar tus labios contra los míos,
conozco cada milímetro de tu lengua recorriendo mis lóbulos,
una y otra vez,
disipándome en tu cuerpo con mis ganas, a flor de piel.
Podría dibujarte sin pincel y sin lienzo,
podría describir perfectamente tu olor,
tu sabor, cada lunar de tu piel...
Podría bordear a oscuras, tus labios
y humedecerlos con los míos.
Abro los ojos y sin tú estar, puedo tocarte
y sentir todas las huellas
que dejas al irte cada noche...
pronto volverá la noche sin piedad
y nuevamente me dejarás morir por dentro.

Y ahora… que quieres?


Ahora me pides que te cuente… que te diga…
Y no alcanzo a saber que es lo que de mí, tú quieres.

Mientras, escucho aún aquellas palabras primeras
En la que me decías, que yo era la inocencia primera,
La misma que lentamente perdí una noche a escondidas
Buscando para hacerlas mías por doquier, aquellas dulces quimeras.

Y sigo escuchando más palabras que vinieron de ti,
Aquellas en las que me decías… No sabes que…
Es cierto mi amor…
Pero nunca supiste que cuando me perdía dentro de mí,
Yo me encontraba en un dislocado laberinto que se revolvía,
Que me hervía muy dentro, que sin fin, aún arde en mí.

Hoy sé que tú te jactaste de mis muchas inseguridades
Que día a día me sigue prolongando esta tormentosa duda
Que en silencio siempre tú me callaste…
Variándome por entero todo mi rumbo, torciendo primacías.

Siempre deliberé en que tu deseo era que no hablara,
Que mi voz por siempre quedara enmudecida, callada;
Que preferías que me engalanara con otras vestiduras,
Con aquellos con los que siempre me sentí humillada,
Degradada, denigrada, doblegada, menospreciada,
Oprimida, pisoteada, insultada y por ti, siempre sometida.

Yo escogí a tiempo otros ropajes con los que sentir
Que era yo misma, la que a ti nunca te gustó,
La mujer respetada, apreciada, ensalzada, honesta,
Leal con mis pensamientos y sentimientos, digna
Para poder mirar a todos a la cara, pero por encima de todo,
Sentirme esa mujer llena de confianza, íntegra.

Tu no me querías, no…
Tan sólo deseabas un juguete con el pasar tus días,
Una muñeca de vagas ideas, de indiferente expresión,
Un títere que manejar a tu gusto y antojo, bordando silencios,
Hilando todas las horas con nula pasión.

Ya lo ves, no, ya no soy la misma mujer,
Ya no me verás más tras esos muros
Que en días ciegos yo me oculté;
Ni dejaré que levantes mil torres sobre mí,
Aquellos obstáculos que duros tú me hacías
Para convertirme en un ser indiferente a todos.

Ya para ti no habrá más ojos llenos de frío,
Ni escucharás mi voz como si estuviera lejana,
Cantando aquellas letras tuyas, no mías,
Eran como aquellos sonidos mudos,
Con los que tu corazón permanecía quieto;
Y yo, sin el más mínimo hilo de luz, a oscuras.

Ahora tan sólo me dices que en aquella época
Carecías de conciencia y hoy vienes a mi,
Con las ansias de poderme de nuevo atrapar,
Pero mejor es que te vayas, tal vez, ya de mí
No quieras escuchar las palabras
Que podrían hacerte daño y se me escapan.

Ahora tan sólo esperaré que el tiempo
Pueda hacerme un nuevo guión,
- siempre lo hace-
Ya no habrá en mí más silencio,
Como el que ayer te entregué:
Con el amor que en mi sangraba
Prendido a mi frente, a mi vida inerte.

Criss. 5/06/2008