Ya hoy he dejdo caer sobre tu santo nombre
esta carne convertida en pensamiento...
páginas colmadas de letras mirándote
a través de una ventana que se asoma al mar,
confidencias que salen a través de una puerta,
ésta que se abre en mi memoria.
.
Y miro y veo que ya me encuentro
al otro lado de esa sed que quiere,
y no puede rasgar ya esta piel curtida;
tampoco clavarse como daga en la herida.
.
Y me abro al amanecer de este tiempo;
como si se tratase de una tibia y tenue luz
que convirtiera en mansos los caminos andados;
ahora soy como el pan que sobre la mesa,
espera y espera... ese hambre que envejece
por estar llena de tanto y tanto amor;
aquella fruta que cae sobre la vasija de porcelana
como si fuese puro y devastador deseo.
.
En esos umbrales se rompe la piel
y así... se albea la mano de tanto rezar
esa palabra que se niega a llegar a tus oídos.
.
Ahora, ya no quiero dejar caer tu nombre
sobre mi carne, ahora lo dejaré volar,
elevando así los rezos;
palabras sobre unos labios
para que sanen la herida que quedó en el mar,
dejándolo caer sobre el reflejo mísero
que siempre, ocurra lo que ocurra,
se empeña por querer sobrevivir sin ti.

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