viernes 6 de junio de 2008

Y ahora… que quieres?


Ahora me pides que te cuente… que te diga…
Y no alcanzo a saber que es lo que de mí, tú quieres.

Mientras, escucho aún aquellas palabras primeras
En la que me decías, que yo era la inocencia primera,
La misma que lentamente perdí una noche a escondidas
Buscando para hacerlas mías por doquier, aquellas dulces quimeras.

Y sigo escuchando más palabras que vinieron de ti,
Aquellas en las que me decías… No sabes que…
Es cierto mi amor…
Pero nunca supiste que cuando me perdía dentro de mí,
Yo me encontraba en un dislocado laberinto que se revolvía,
Que me hervía muy dentro, que sin fin, aún arde en mí.

Hoy sé que tú te jactaste de mis muchas inseguridades
Que día a día me sigue prolongando esta tormentosa duda
Que en silencio siempre tú me callaste…
Variándome por entero todo mi rumbo, torciendo primacías.

Siempre deliberé en que tu deseo era que no hablara,
Que mi voz por siempre quedara enmudecida, callada;
Que preferías que me engalanara con otras vestiduras,
Con aquellos con los que siempre me sentí humillada,
Degradada, denigrada, doblegada, menospreciada,
Oprimida, pisoteada, insultada y por ti, siempre sometida.

Yo escogí a tiempo otros ropajes con los que sentir
Que era yo misma, la que a ti nunca te gustó,
La mujer respetada, apreciada, ensalzada, honesta,
Leal con mis pensamientos y sentimientos, digna
Para poder mirar a todos a la cara, pero por encima de todo,
Sentirme esa mujer llena de confianza, íntegra.

Tu no me querías, no…
Tan sólo deseabas un juguete con el pasar tus días,
Una muñeca de vagas ideas, de indiferente expresión,
Un títere que manejar a tu gusto y antojo, bordando silencios,
Hilando todas las horas con nula pasión.

Ya lo ves, no, ya no soy la misma mujer,
Ya no me verás más tras esos muros
Que en días ciegos yo me oculté;
Ni dejaré que levantes mil torres sobre mí,
Aquellos obstáculos que duros tú me hacías
Para convertirme en un ser indiferente a todos.

Ya para ti no habrá más ojos llenos de frío,
Ni escucharás mi voz como si estuviera lejana,
Cantando aquellas letras tuyas, no mías,
Eran como aquellos sonidos mudos,
Con los que tu corazón permanecía quieto;
Y yo, sin el más mínimo hilo de luz, a oscuras.

Ahora tan sólo me dices que en aquella época
Carecías de conciencia y hoy vienes a mi,
Con las ansias de poderme de nuevo atrapar,
Pero mejor es que te vayas, tal vez, ya de mí
No quieras escuchar las palabras
Que podrían hacerte daño y se me escapan.

Ahora tan sólo esperaré que el tiempo
Pueda hacerme un nuevo guión,
- siempre lo hace-
Ya no habrá en mí más silencio,
Como el que ayer te entregué:
Con el amor que en mi sangraba
Prendido a mi frente, a mi vida inerte.

Criss. 5/06/2008