
Nace la mañana, ebria de sangre y dolor, de muerte y tenebrosos desafíos cual brisa mensajera fiel del tiempo, alborotando los pocos cabellos que aún viven, ajenos a la inquietud de mis sienes, a los pensamientos y deseos inexpugnables que suavemente se impregnan en el aire mientras despierto.
*
Indestructible batalla entre el día y la noche, el amor y el odio, haciendo saltar el tiempo cual gacela delicada que vaga firme y constante por los pastos de la vida.
Agua fresca y cristalina, libre y atrapada al mismo tiempo por amor, ahora eres tú quién me susurra a mí incansablemente que hoy es por fin el día. Hoy las nubes dibujarán tu rostro, hoy mis huellas se tornarán invisibles porque la lucha y la espera han merecido la pena, porque fundirme en la vida de tus ojos - ojos de fuego y hielo, de dulzura y misterio - será volver a nacer en un universo paralelo, luminoso, lleno de fragancias sorprendentes, en el calor de un te quiero culminar el amor reprimido a la deriva de un pasmoso futuro y caminar con la ausencia del temor, de lágrimas y dolor, lograr construir un túnel a través de las montañas del odio y no decir nunca, lo siento...
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Calma, eterna y dichosa, calma que saboreo mientras echo a andar susurros, susurros en mi alma que gritan sólo una palabra... ¡Amistad!
Y esa libertad de decidir junto a que alma encarcelarme el culminante sentimiento al celebrar una derrota, la derrota de entregarse a un ser mejor, de ganar el maravilloso trofeo de una vida junto a tí de alcanzar el trivial premio del amor inmortal, tan dulce, tan doloroso, tan esperanzador, tan indescriptible hecho con el mismo hollín de sueños delicados, que hoy nos une en el delirio de este amor sin freno.

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