miércoles, 11 de junio de 2008

A Mi Padre.


Intento controlar la pereza que me embriaga
hacia este camino por recorrer
y de las pequeñas partículas de eternidad
que siempre desfilaban sobre nosotros,
por las hojas de las arboledas jugueteando con ellas,
como pequeñas luces que brillaban más que el sol
y goteaban en nuestro respirar con delgadas risas.
Ahora te imagino y veo tu rostro con un brillo dulce y lejano,
mientras que observo, mi sombra distenderse
hacia las piedras de este camino por hacer
y que tan largo se me hace, sombreado en partes
y clavado de oblicuas lanzas descoloridas por el tiempo.

Me gustaría que de las ramas colgaran lienzos de seda transparente
o que las telarañas, entre azulonas y débilmente plateadas,
se desprendieran y cayeran hasta los rosales una y otra vez;
estaría bien un coro de sirenas que inunde este túnel claro-oscuro,
esta ausencia en que se ha convertido mi mundo
y que hiciera girar el marco hondo y extendido
que forman los árboles que bordean el camino;
podríamos ver los candelabros encendidos dentro de los troncos huecos,
lanzando sus ilusiones verdes y grises, aplanadas y convexas,
por los hoyos y fisuras de sus cortezas deterioradas
por el avance de los días y el roce del horizonte
con la distancia que se extiende en mi mirada, que cae en nostalgia;
se veríamos aquellas velas púrpuras de que me hablabas,
aquellas que con saladas luces, emergían entre la playa y la costa,
en vez de los pistilos, de las flores grises, pardas y violetas
que puse un día sobre tu fría tumba,
entonces, el cantar de las aves callaron para siempre.

Me sentiría mucho más completa, más feliz si advirtiera
que nuestros ojos se refregaran, desapareciera en el aire callado
ese arco iris cascado que nace de un trozo apagado de mi nostalgia,
como algodones anaranjados y se extendiera por el borde derecho del camino
hasta perderse tras una cortina zumbante muriendo en esa densidad,
atiborrada de silencio, del cielo desierto y sin respiración;
pero no, no es la melancolía la que cuartea el rumbo de mis ocasos,
todo… es eso que inunda mis ojos de dolor y me templa los músculos de las manos.

¡Cómo quisiera agarrarme a ti…!
y buscarte para despertar de un mal día, una mala semana,
una mala etapa, pero nuevamente me encuentro en la rutina que tanto me llena,
y… ¡quiero gritar! ¡Hablar de ti! , pero es tan complicado…
Ya no me dejas reflejarme en tus ojos…
Complicado es pensarte sabiendo que no estás aquí…
Muy complicado, explicar con palabras lógicas este sentir…

¡Brota ya, libre mi sonrisa y no quiero evitarlo!
haciéndome olvidar los árboles raros que te mostré
y lleno mis manos de tus flores y de nuevo te digo:
confío en ti… estarás siempre conmigo, estés donde estés…

A La Memoria de Mi Padre.