
A fuerza de ti subo uno a uno, cada peldaño en esta escalera a la que llamamos, vida y mis pies no se resienten; parece poseer alas. Me llevas de la mano y a través de tus dedos, siento que me alimento de sol. Todo es menos agreste en el camino, iluminado siempre, a veces puedo divisar la luz de unas velas, otras, mil linternas prendidas; mis noches perdieron negruras, ya que por ti en mi cielo la luna, incansablemente Llena gira y las estrellas, son luminarias para al crepúsculo de mis años… Tan cansados y amarillos como fruta del árbol desprendida… Ahora ya brotan las flores en mi pecho, manantiales de pétalos y hojas que tu aliento solea, y los sentidos, se desperezan bostezando sueños. En tus manos, cual torrente, las caricias se van derramando; devolviendo así lo que reflejan tus ojos y mis pupilas logran adivinan. Por ti, la sangre danza en mi vientre, tiñendo de rojo inconfesas pasiones donde este cuerpo se desprende del letargo al que estaba sometido; reclamando la hoguera que un día lo entibió. Ya se hace menos amargo el acíbar que destilan dolor y heridas. Tu fuerza es el mágico bálsamo que hidrata mi agonía y por ti, la risa se desata en mí sonrisa. Gracias a ti, es más liviano el madero que mis hombros ensombrece. Tú eres, como ese Cirineo que el peso de mi cruz alivias. A fuerza de ti, sí merece la pena vivir el trabajo que me da la vida...

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada