domingo, 8 de junio de 2008

En Algún Lugar.


Amanecí con una sonrisa abierta en mi rostro.
Fué mío anoche, entre ruidos roncos
y su voz cortada en ahogos;
su sitileza al provocame de nuevo,
que se encendiese la pasión.
Y otra vez,
aquellos latidos del corazón en mi sexo.
Una de las veces que recuerdo,
me dijo que estaba dando rienda suelta al deseo,
que estaba convirtiendo el fuego en borrajas de cenizas,
mientras su voz se hacia cada vez más pausada,
yo, lo imaginaba,
teniendo envidia de sus manos que no le gustan,
queriendo ser la brisa que lo rodea para meterme en él.
Al narrar, antes de iniciar los marasmos,
yo ya estaba deseándolo con el corazón
entre mis piernas latiendo, enrojeciéndome, doliendo.
Me narraba como la humedad de mi entorno
ahora lo poseía a él y luego,
salía despedida de su cuerpo por el deseo
que yo le provocaba.
Para ese momento el corazón ya estaba en mis dedos,
ya mi mano tiraba de mi necesidad,
ya estaba la explosión en marcha.
Mis manos siempre fueron ágiles, rápidas,
yo quería llegar a su cuerpo al mismo tiempo que él,
pero lo sentí encima de mi, se disparó el control,
el instinto aprendido en tántricas letras
y algo aplazó la explosión.
Sus palabras terminaban en ahogos,
en aullidos pausados, en gemidos susurrados,
y eso me aceleraba aún más.
Su nombre fui diciendo lentamente
cortado por mi respiración,
y bien claro pude exclamarle un te amo.
El segundo tiempo, fue minutos más tardes,
luego de acariciarnos con toda clase de palabras.
Él aún estaba con la rigidez a pleno
y volvimos a empezar de nuevo.
El segundo fuego se inició
sobre las cenizas del primero,
fue el oírlo de nuevo ahogarse, pausarse,
fue tratar de decir claramente al final,
que no podía más y que iba a reventar.
Confieso que quizás si el sueño no me hubiera llegado,
producido por tanto desvelo,
quizás hubiésemos seguido hasta que llegara el alba
tocando los volcanes.
Hoy, lo siento cada vez más cerca,
lo deseo como nunca pude desear a nadie,
y lo quiero aún más,
ha pesar de que no está conmigo.
Recuerdo ahora que me lo comí en el desayuno,
me lo bebí en el almuerzo y de nuevo,
empecé a recordar sus sonidos,
a imaginar sus gestos
y me sobrevino de nuevo la sonrisa
y ese deseo de poder convertir mi entrepiernas
en una eterna sala de torturas.
Sé, que en algún lugar está pensándome,
deseándome, sintiendo y queriendo
como lo hago yo cada vez que lo pienso.